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EGINO

Egino es el pueblo más oriental de la llanada alavesa, cerrada en su extremo este entre las sierras de Altzania al norte y Entzia al sur, es el paso hacia la Sakana de navarra. Número de habitantes: 84 (2014).

HISTORIA

Egino, situado como lo dice su propio nombre en la ladera de Altzania, ha sido testigo de la penetración de hombres y culturas desde tiempos prehistóricos; así lo demuestras los restos prehistóricos hallados en sus proximidades. Uno de ellos son los restos de presencia humana hallados en la denomindada “Cueva de los Gentiles” situada entre Ilarduia y Egino.

Documentamos a Egino ya desde 1092 en un apellido toponímico salido del lugar. Cuatro años más tarde, en 1096, aparece el nombre de Eguinoa en un documento, por el cual, don Guiderez de Eulate y su esposa doña Sancha donaban al monasterio de Iratxe varias tierras que poseían en aquel término. En el documento de la Reja de San Millán, aparece el lugar pagando un carnero cada año junto con las aldeas próximas de Ibarguren y Andoin en las laderas de Entzia, y las de Ilarduia y Artzanegi, hoy día desaparecida, en las de Altzania. Todavía en el siglo XVI, en 1556, aparece Eguinoa,con diez vecinos y la ermita de San Cristóbal, hoy desaparecida también.

ECONOMÍA

Egino ha contado a lo largo de su historia con varios molinos en sus proximidades. A mediados del siglo XIX existían varias industrias en Egino. En sus alrededores se en contraban minas de hierro, plomo, almagre y carbón de piedra. Tenía por entonces un molino harinero de dos muelas, talleres de alfarería, hojalatería, un calero y era notable la exportación de la leña y del carbón vegetal en sus montes.
En el pueblo hubo hasta tres caleros, de los cuales hoy día sólo quedan los restos de uno de ellos.
Es a mediados del siglo XX cuando, a causa de la implantación de la elaboración industrial , empezó a desaparecer el uso de los caleros.

ARQUITECTURA - ARTE

Torre de los Lecea

En la entrada a tierras alavesas desde el valle de Huarte Arakil, una rama de los Leceas edificó la torre de Egino, cerca de su lugar de origen.Eligieron este lugar como punto avanzado en el paso desde la Llanada Alavesa a las tierras de la Navarra Media.De la torre, contruida en el siglo XVII,  hoy día no queda casi nada de la estructura original.Sólo quedan vestigios de su edificación, adosados al costado Oeste de la casa, donde se pueden apreciar la planta de la torre desaparecida y algunas saeteras en los muros Oeste y Norte de la planta baja. El edificio era de base casi cuadrada, de 7,60 por 7,70 metros, dimensiones que pueden apreciarse en la planta baja, que conserva aún fuertes paredes de 1,10 metros de grosor, reforzadas por sillares bien labrados en sus ángulos. En la edificación originaria se accedía a la torre por una puerta con arco, hoy desaparecida, y con dos saeteras a los lados.

Iglesia de San Esteban

Pórtico de tres arcos de medio punto apeados en pilastras. Portada de arco de medio punto.Es de destacar la cabecera recta, recubierta por bóveda de cañón, que presenta hacia el exterior una saetera con restos de una arquivolta en su parte alta. Se decora con bolas y, a ambos lados, con una flor y tallos rameados. Refuerzan la nave arcos fajones, llevan medallones, con estrellas y rosetas. Los primeros arcos, de perfiles biselados, descansan en ménsulas sin decorar.
Los siguientes, muy moldurados, lo hacen en medias columnas con capiteles cuadrangulares sin ornamentación. Estas medias columnas,sin
llegar al suelo, se asientan sobre repisas del sigloXVI. Las dos primeras se decoran con cabezas de ángeles y las otras dos con volutas renacientes.

Aparecen reflejados en estas diferencias dos momentos constructivos en la iglesia de Egino.
En 1649 la iglesia le pareció de poca capacidad al obispo que realizó aquel año la visita pastoral, y mandó “sacar un ochauo para el altar mayor y
colaterales”. En el mismo año el cantero Martín de Muguerza acarreaba cal y piedra labrada “para alargar la iglesia”.Estos datos nos dan pie para
pensar que los primeros tramos del templo son posteriores en casi un siglo a los de los pies, tan diferentes de aquellos.
En 1766 esta bóveda amenazaba ruina. La reconoció y dispuso su restauración el maestro cantero de Zalduondo Manuel Gualberto de Santa Cruz.

Este templo carece de retablo mayor. El que conservó hasta hace pocos años, pierde su rastro en la última restauración llevada a cabo en el templo.Cobijaba la efigie de San Esteban, de un metro de altura; otra del crucificado, de metro y medio. En las calles inferiores poseía cinco efigies, separadasdel retablo. Al retirar el retablo se encontraron unas tallas ocultas. De dicho retablo se conserva sólo el actual sagrario del siglo XVI. De estilo renaciente, consta de basamento y dos cuerpos.

Conserva un buen sagrario, del filo de los siglos XVI-XVII, con banco decorado geométricamente y dos cuerpos, el primero con cuatro columnas toscanas y sogueadas y buenas efigies de San Pedro y San Pablo en nichos laterales con frontones triangulares y nicho central con frontón curvado, entablamento clasicista con frontón curvado y partido y segundo cuerpo de tres calles, la central con columnas acanaladas y jónicas e imagen de Santo obispo y, a los lados, nichos con marcos y efigies de San Esteban y otro obispo. Santo Cristo, mutilado, de comienzos del siglo XVII.

Capilla lateral izquierda cubierta por bóveda de cañón. Lienzo de la Purísima, del filo de los siglos XVI-XVII.

La ermita de San Cristóbal conservaba un marco como retablo del siglo XVII, mal pintado, y con gran penacho de hojas al remate. Encuadra una
imagen rústica de San Cristóbal, del momento mismo del retablo. Ha desaparecido de esta ermita la imagen medieval de San Juan, que Guereñu reseña y publica en 1962.Esta ermita, que existía ya en 1556, fue reconocida reiteradamente en las visitas pastorales del siglo XVIII.
 

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