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FABRICA DE AJURIA Y CARBONEROS

La fábrica de San Pedro de Araia

Araia ha sido un lugar privilegiado para la industria del hierro.Las minas de hierro de Aratz, la riqueza maderera y la abundancia de agua, hicieron que en Araia se asentara una de las ferrerías más famosas de la provincia.

A pesar de que en Araia han existido ferrerías anteriores a ésta, el complejo de fundición "San Pedro de Araia" ó fábrica de Ajuria, como se le conoce actualmente, fue sin duda la más destacada de todas. Desde 1848 hasta su cierre en 1985 fue una avanzadilla de los distintos complejos industriales metalúrgicos. Los arados primero y las trilladoras después, llevaron el nombre de Araia a todo el campo. Aquí se instaló el primer horno eléctrico de inducción de todo el estado y uno de los primeros altos hornos del País Vasco. Fue la primera empresa siderúrgica moderna del País Vasco, junto con la de Bolueta (Bizkaia).

La fábrica de Ajuria supuso varios hitos. “Contribuye también el interés de la empresa el hecho de que, en 1929, se convirtiese en la única empresa española que seguía produciendo hierro dulce por el procedimiento del pudelado, y desde 1933 quedó como la única productora de lingote al carbón vegetal. Por si lo dicho fuera poco, hay que hacer constar otro hito histórico de la siderurgia española protagonizado por la empresa: en 1906, puso en funcionamiento el primer horno eléctrico de España para fabricar acero, adoptando así tempranamente una tecnología que se puede decir que se hallaba en fase experimental, dado que los primeros ensayos se habían producido en Europa apenas diez años antes”.

A finales del siglo XIX, los propietarios de la fábrica de San Pedro de Araia construyeron la presa de “El Nacedero”, para obtener un mayor provecho de los recursos hidráulicos de la zona. La presa contaba con dos cauces; uno llevaba el agua a la central hidroeléctrica y otro a las instalaciones de la fábrica y la ferrería. Los cauces terminaban en unos pequeños embalses de contención, los cuales regulaban el paso del agua necesaria para mover las turbinas de accionaban la maquinaria de la fábrica.

La fábrica de Ajuria “aportó como novedades un análisis de los cambios tecnológicos en la siderurgia, un profundo conocimiento de los mercados -absolutamente desconocido hasta la fecha-, el nacimiento de los carteles industriales, una amplia información sobre el nivel de vida de los trabajadores y las estrategias de una empresa familiar para reinvertir las ganancias. De aquellos beneficios de la planta salieron firmas importantes como Ajuria y Aranzábal, la Azucarera o La Iberia, núcleo original de Altos Hornos de Vizcaya”.

Esta fábrica “con un abanico relativamente limitado de factores, logró, una vez que fracasaron sus intentos innovadores más radicales, subsistir combinando una tecnología que dominaba, unos recursos “tradicionales”, su posición geográfica y unos mercados peculiares, es decir, estrechos y diversificados”.

El número de trabajadores de esta fábrica varió según los tiempos, adaptándose a las circunstancias económicas; así, en 1961-1963 contaba con 90 trabajadores, en 1916-1920 se llegaron a 216. Sabemos de la procedencia de estos trabajadores en 1871: 20-25 de Araia, 35 de otros pueblos de Álava, 29 de Bizkaia, 21 de Gipuzkoa, 9 navarros, 2 de otros puntos del estado y 3 franceses. Los sueldos variaban según la cualificación del trabajo. Si tomamos el año 1912, el sueldo mayor lo recibían los pudeladores, con 241 pesetas mensuales; el menor era el de los laminadores de 4º, que se embolsaban 63 pesetas. La jornada laboral, en 1867, era de doce horas diarias (10 horas y media reales, si descontamos los tiempos de descanso para las comidas).

En torno a las ferrerías surgió la producción de carbón. Durante los siglos XVII-XIX, para obtener un quintal de hierro se necesitaba cuatro cargas y media de carbón de madera; y éste era difícil de transportar. La necesidad de carbón para alimentar a las ferrerías hizo que surgieran cuadrillas de carboneros en todo el entorno. Acudían de los diversos lugares para ganarse su jornal.

 

CARBONEROS Y SU HUELLA EN ASPÁRRENA

En el pasado, Asparrena fue rico en madera y uno de los oficios derivados de dicha riqueza fue, precisamente, el de carbonero. Hoy en día es posible ver en los hayedos restos de las viejas carboneras, áreas llanas y redondas, desprovistas de árboles y cubiertas de una tierra muy negra. Cerca de ellas es posible encontrar algún haya de base gruesa a la que, a partir de cierta altura le salen hasta diez ramas, ya convertidas en árboles. Estas hayas eran las que se podaban para hacer leña en las carboneras. En otras ocasiones, se obtenía carbón de la leña sobrante y nudosa que no servía para hacer tablas.

En los escasos tiempos de descanso no era extraño que se juntaran para hablar de lo que ellos conocían: la madera y el carbón. Como suele suceder en estos casos, cada cual cree conocer las artes de su oficio. Y entonces surge la discusión. Y tras la discusión, el desafío y la apuesta.

Así debió suceder, según cuentan, entre dos cuadrillas de carboneros, una de Bizkaia y otra de Araba, que se encontraban en Araia. El tema debatido era sobre quién poseía el mejor tipo de hacha. La boca del hacha de los primeros era redonda; la de los segundos, cuadrada.

La mejor respuesta a la cuestión la daría un duelo.

Y así se concretó. El domingo siguiente se presentarían las dos cuadrillas, cada cual con sus mejores herramientas, en un desafío público.

No se conoce el ganador de la contienda. Lo que sí se sabe es que después hubo un animado baile y una cena reparadora.

Hoy en día, una escultura en Andra Mari, nos recuerda este suceso.

Como recuerdo de quienes fueron fiel reflejo de la idiosincrasia sociocultural de Euskal Herria, el pueblo de Asparrena quiso rendir homenaje y propuso a Juan Ezkurra, el último carbonero de la zona, la construcción de una carbonera para que mayores y pequeños tengan constancia de una vieja costumbre gestada, entre otras, en torno a las acerías Ajuria.

Dicho y hecho, Juan Ezkurra, con Victor Olabeaga y la ayuda de Kepa Azkona quisieron recordar a los lugareños un capítulo de la historia del pueblo.

La carbonera tiene 2,40 metros de altura, a la cual se le ha dotado de una tejabana para que pueda hacer frente a las consecuencias del crudo invierno. Así mismo, se han colocado unos paneles para el visitante que recogen las explicaciones del proceso seguido para la construcción de la carbonera.

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